SOBRE LA ICONOGRAFÍA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

“…desafiamos a todo el mundo que vea una figura de estas características por primera vez y sin preparación, a que adivine el significado de lo que sigue: Antes de su nacimiento y desde el primer momento de su existencia, María estaba preservada de pecado y era enteramente pura”[1]

La iconografía e iconología son dos ramas auxiliares de la Historia del Arte que nos sirven para poder interpretar las imágenes representadas, ya sea en pinturas o esculturas, pudiendo así entender el mensaje y contextualizarlo. La tradición del Arte occidental hunde sus raíces en el mundo clásico y su cultura es profundamente icónica. Precisa de imágenes que muestren desde las ideas más simples a los conceptos más complejos y sofisticados, pensemos en la mitología y en toda la suerte de personificaciones que lleva asociadas. Cuando triunfe el Cristianismo en las postrimerías del Imperio Romano, la necesidad de dotar al culto de imágenes, no será sino una adecuación de esa tradición iconódula, que no casaba bien con las doctrinas anicónicas del pueblo judío.

Carreño. Inmaculada Concepción. Museo de Guadalajara. Foto: @Cipripedia

Si observamos ahora una imagen de una mujer joven vestida con túnica blanca y con un manto azul sobrepuesto, con las manos juntas o cruzadas sutilmente sobre el pecho, en un fondo de nubes de tonos dorados y una cascada de querubines y angelotes, por nuestra formación dentro de una cultura preeminentemente católica, reconoceremos sin ninguna dificultad que estamos ante una imagen de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Pero como bien se preguntaba el escritor de la cita que encabeza estas palabras: ¿Qué representa realmente ese concepto? ¿Qué significa que María fue preservada de pecado y era enteramente pura?

Para muchos, la Inmaculada Concepción de María, es una advocación más, una eminentemente hispana por la voluntad de instituciones civiles y religiosas que durante siglos hicieron voto perpetuo de defender esta idea como dogma. Gran parte puede pensar que es una referencia a la virginidad perpetua de la Madre de Dios. Sobre iconografía inmaculista he tratado anteriormente en post de InvestigArt (ver aquí y aquí)

Francisco Rizi. Imaculada Concepción. Museo de Cádiz. Foto: @Cipripedia

Pero realmente el dogma inmaculista es mucho más complejo que la virginidad antes, durante y después de parto de Jesús. Es fruto de las disertaciones de la escolástica en la Edad Media y ha sido fruto de controversias y hasta disputas violentas entre sus defensores y detractores. Los primeros encabezados por Franciscanos y posteriormente por Jesuitas, ardientes defensores de este dogma, centraban su defensa en los textos de Juan Duns Scotus (Duns, Escocia, 1266 –Colonia, Alemania, 1308). Entre los detractores destacan la orden de los Dominicos, con una base teológica más erudita que hace que su principal filósofo Tomás de Aquino (Roccasecca, Italia, 1224/1225 – Abadía de Fossanova, 1274) rechace este concepto: <<Dios puede haberlo hecho, pero no es conveniente (apropiado…), no era necesario que en la descendencia concebida la santidad fuese algo inmediato… por ella no se concedió ni a la Bienaventurada Virgen ni a nadie que no fuese Cristo>>[2]

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Antonio del Castillo. Inmaculada. Museo de Bellas Artes de Córdoba

Bien es cierto que a finales del siglo XIV la teoría era ampliamente aceptada no sólo por franciscanos, sino también por importantes teólogos. Esto llevó a que se llevara la propuesta de dogma al concilio de Basilea (1431-1445) que aprobó oficialmente la doctrina en 1431, pero como esa aprobación se hizo en un periodo en el que oficialmente el concilio se había desconvocado, no fue aceptada esta resolución.

No tuvo forma de dogma de fe hasta que el 8 de diciembre de 1854 con la bula <<Ineffabilis Deus>> el papa Pío IX proclamase que María <<En el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en previsión de los méritos de Jesucristo, el Salvador del género humano, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original>>. Es decir, que María estaba en la mente de Dios antes de todos los tiempos, y su concepción por tanto estaba ajena al resto de la humanidad que llevamos el pecado original transmitido por nuestros padres en el acto de concupiscencia de la concepción. Si el dogma es complejo y profundamente intelectual, ¿cómo se puede plasmar en una imagen?

La creación iconográfica del tema de la Inmaculada es compleja y larga, no se define claramente el modelo hasta el siglo XVII y en esta creación tiene un especial papel los artistas hispanos, pues debían dar una serie de imágenes para todas las capillas, conventos, fundaciones, votos y demás ámbitos dedicados a esta advocación mariana. La imagen de la Virgen rodeada de los símbolos de la Letanía Lauretana, como el pozo, el huerto cerrado, la puerta del cielo, el arca de la alianza, el espejo sin mancha, el ciprés, la palmera, la rosa de jericó, la torre y tantas otras; no se construyó de forma rápida, por un lado tenemos el origen del dogma y por otro la búsqueda de una imagen que lo represente.

Francisco de Zurbarán. Inmculada Concepción. Museo del Prado

La idea originaria del dogma inmaculista estaría en la Iglesia griega en la Alta Edad Media, vinculado a los comentarios de un evangelio apócrifo, el llamado Protoevangelio de Santiago, que cuenta el relato de la concepción de la Virgen de forma milagrosa cuando sus padres Ana y Joaquín ya son ancianos y no esperaban tener descendencia. De este pasaje deriva la representación iconográfica más antigua de la concepción, el Abrazo en la Puerta Dorada de Jerusalém. Modelo utilizado fundamentalmente en la Edad Media y hasta el siglo XV.

Gil de Siloe. Retablo de la Concepción. Catedral de burgos. Foto: Sira Gadea (Viajar con el Arte)
Pedro de Mena. Inmaculada

Durante el siglo XVI se perfila uno de los modelos que luego se asociará a la Inmaculada Concepción, el de la Tota pulchra, María rodeada de los símbolos de la letanía lauretana siendo coronada por Dios Padre o por la Trinidad[3]. A esta imagen se le asociará también la imagen de la mujer del apocalipsis: <<Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas en su cabeza>>. De la fusión de estas imágenes surge el modelo de la Inmaculada que más trascendencia va a tener y que nos deja por escrito Pacheco en su Arte de la pintura:

Pocos días después de la istoria [sic.] passada se considera que llegó el dichoso día de la inmaculada Concepción de la Santíssima Virgen, en cuya pintura se deve advertir que algunos quieren que se le pinte co[n] el niño Iesus en los braços por hallarse algunas imagines antiguas desta manera por ventura fundados (como advirtió un docto dela Compañía) en que esta Señora gozó de la pureza original en aquel primer instante, por la dignidad de Madre de Dios, aunque no avia llegado el tiempo de co[n]cebir en sus puríssimas entrañas al Verbo eterno. I assí desde aqué punto (como sienten los Santos) era Madre de Dios, i en ningún tiempo dexó de serlo: i tal, que no fue possible ser mejor, como no fue possible tener mejor hijos. Pero sin poner a pleito la pintura del niño en los braços, (para quie[n] tuviere devoción de pintarla assí) nos co[n]formaremos con la pintura que no tiene niño: porque esta es más común: como lo muestran las medallas que a instancia de la Sagrada Orden de San Francisco (antigua defensora del misterio) bendixo Leon Decimo, concediéndoles muchas gracias e indulgencias: no tiene niño en los braços, antes tiene puestas las manos, cercada del Sol, coronada de Estrellas, i la Luna a los pies, con el Cordón de San Francisco a la redonda. I aún se esfuerça más esta opinión viendo que en la nueva Religión Militar deste Misterio, instituida en Roma con autoriada de la Santidad de Urbano VIII, se embió a 22 de Iulio de 1626 con el título de Embaxador a la Magestad Católica, a don Enrique de Guzmán, cavallero Sevillano. La esta[n]pa con el Abito; que es una Cruz mui galana, i en medio la imagen de nuestra Señora, con el niño Iesus en los braços. I despues se estampó otra segunda sin el, reforma[n]do la primera, las cuales puedo mostrar: con lo que me haze mucha fuerça, por averse enviado en tiempo tan advertido. Esta pintura (como sabe[n] los doctos) es tomada de la Misteriosa Muger que vio San Iuan en el cielo con todas aquellas señales. I assí la pintura que sigo es la más conforme a esta sagrada revelación del Evangelista, i aprovada de la Iglesia Católica con la autoridad de los santos i sagrados intérpretes. I alli no solo se halla sin el niño en los braços mas aun sin averle parido, i nosotros acabada de concebir le damos hijo. En cuya conformidad el regalado Berdardo umedecidos sus labios en discíssima leche virginal, llama a la Virgen. Señal Milagrosa: porque lo fue en el primer instante de su Concepción; pues hizo alarde en ella la Magestad de Dios de su infinito pode de su ardiente amor, i profunda sabiduria; no dexando llegar la culpa original. Milagro que pasmó a los espíritus Angélicos, i confundió al mesmo infierno.

Ase de pintar, pues, en este aseadissimo Misterio esta Señora en la flor de su edad de doze a treze años, hermosíssima niña, lindos i graves ojos, nariz i boca perfetissima, i rosadas mexillas, los bellíssimos cabellos tendidos de color de oro, enfin cuanto fuere possible al umano pinzel. Dos hermosura ai en el ombre, conviene a saber de cuerpo i alma, i ambas las tuvo la Virgen incomparablemente: porque la corpora fue un Milagor, (como juzgó San Dionisio) i no uvo criatura más parecida a su hijo, que fue el modelo de toda la perfeción. Los demás hijos diviertense en la asimilación del padre i la madre, como de diferentes principios: pero Cristo señor nuestro, como no tuvo padre en la tierra, en todo salió a su madre: que después del hijo fue la criatura más bella que Dios crió. I assí la alaba el Espíritu Santo (cuya letra se aplica siempre a esta pintura) Tota pulchra es amica mea. Ase de pintar con tunica blanca, i manto azul; que assí apareció esta Señora a doña Beatriz de Silva Portuguesa que se recogió despues en Santo Domingo el Real de Toledo, a fundar la Religión de la Concepción pursíssima: que confirmó el papa Iulio Segundo año de 1511. Vestida de Sol, un Sol ovado de ocre i blanco, que cerque toda la imagen unido dulcemente con el cielo; coronada de estrellas, Doze estrellas compartidas en un círculo claro entre resplandores, sirviendo de punto la sagrada frente, las estrellas sobre unas manchas claras formadas al seco de purissimo blanco, que salga sobre todos los rayos. Pintólas mas bien que ninguno don Luis Pascual Monje, en la istoria de San Bruno par la gran Cartuxa. Una corona imperial adorne su cabeça, que no cubra las estrellas. Debaxo de los pies la luna; que aunque es un globo sólido (tomo lice[n]cia para hazerlo) claro i transparente sobre los paises, por lo alto más clara i visible la media Luna, con las puntas abaxo. Si no me engaño pienso que e sido el primero que a dado más magestad a estos adornos, a quien van siguiendo los demás. En la Luna especialmente e seguido la docta opinión del Padre Luis del Alcaçar, ilustre hijo de Sevilla, cuyas palabras son esta: Suelen los pintores poner la Luna a los pies desta Muger hazia arriba. Pero es evidente entre los doctos Mathematicos, que si el Sol a la Luna se carean, ambas puntas de la Luna an de verse hazia abaxo; de suerte que la Muger no estava sobre le concavo sino sobre el convexo. Lo cual era forçado para que alumbrara a la Muger que estava sobre ella, recibiendo la Luna la luz del Sol. I plantada en un cuerpo sólido, como se a dicho, aunque lucido avia de assentar en la superficie de afuera. Suele poner en lo alto del cuadro Dios Padre, o el Espíritu Santo, o ambos, con las palabras del Esposo, ya referidas. Los atributos de tierra se acomodan acertadamente por pais, i los del cielo, si quieren entre nubes. Adornase con Serafines i con Angeles enteros que tienen algunos de los atributos. El Dragón, enemigo común, se nos avia olvidado a quien la Virgen quebró la Cabeça, triunfando del pecado original I sie[n]pre se nos avia de olvidad. La verdad es que nunca lo pinto de buena gana, i lo escusaré cuanto pudiere, por no embaraçar mi cuadro con el. Pero en todo lo dicho tienen licencia los pintores de mejorarse.

Francisco Pacheco, El Arte de la pintura, su antigüedad y grandezas, Sevilla, por Simón Faxardo, 1649, pp. 481-484.

Pacheco. Inmacula Concepción. Cat. de Sevilla.

En las primeras imágenes de Inmaculadas de Pacheco y de sus seguidores sevillanos, podemos observar que no sigue sus propias indicaciones de poner a la Virgen la túnica blanca. Esto se debe a que son imágenes que siguen la tradición de usar el tono rojo o rojizo para la túnica de la Virgen, frente a la nueva moda que se irá imponiendo de cambiarlo por blanco para seguir así la visión de Beatriz de Silva, fundadora de la Orden de las Concepcionistas. Pacheco se hace eco de este cambio en su tratado, pero es que estamos ya en 1649. En este cambio tendría seguramente un papel importante la figura de una monja concepcionista: Sor María de Agreda, que mantenía con el rey Felipe IV una relación epistolar, ejerciendo en el monarca gran influencia.

Anónimo. Sor María de Ágreda.

Así en los primeros años del siglo XVII está ya perfectamente definida la imagen de un concepto tan inasible. La lógica evolución de los estilos artísticos será la que a partir de ahora determine la propia evolución de la iconografía. Aquí os dejo algunos ejemplos.

 

[1] Athanase J. Coquerel, The Fine Arts in Italy in Threir Religious Aspect: Letters from Rome, Naples, Pisa etc; with an Appendix an the Iconography of the Immaculate Conception, traducido por Edward y Emily Higginson (Londres,1859), p. 255. Citado por Suzanne Stratton, “La Inmaculada Concepción en el arte español” en Cuadernos de Arte e Iconografía, Tomo I, nº 2, 1988. (ver aquÍ)

[2] Citado por Stratton, op. Cit.

[3] La Letanía Lauretana es una recopilación de metáforas sacadas de textos sagrados, fundamentalmente del Cantar de los Cantares del Antiguo Textamento que se utilizaban como medio de oración, basado en la repetición constante. Es una adaptación de las oraciones antiguas hebreas y existen varias recopilaciones de este tipo, como las Letanías Mayores compuestas en el s. VI por San Gregorio Magno. Esta recopilación denominada Lauretana proviene del santuario italiano de Loreto y fue aprobada por Sixto V en 1587 para toda la Iglesia. Para saber más: José Antonio Peinado Guzmán, “Simbología de las Letanías Lauretanas y su casuística en el Arzobispado de Granada” en Lecciones barrocas “Aunando miradas”, 2015, pp. 159-160 (ver aquí)

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