SANTUARIO DE LOYOLA. CUANDO UN EDIFICIO ROMANO SE ENCUENTRA EN UN VALLE VASCO

El 31 de julio de celebra la festividad de San Ignacio de Loyola (1491-1556), para celebrarlo, os traigo un pequeño artículo sobre el Santuario de Loyola en Azpeitia. La primera vez que lo visité fue una experiencia sorprendente para mí, fue en 1992, en una excursión familiar que hicimos ex profeso al santuario. Mi abuela materna era muy devota del santo guipuzcoano y mi familia organizó una excursión, fletamos un autobús, para poder ir mis abuelos, mis tíos, mis primos y evidentemente mis padres y hermanos (somos una gran familia). Me fascinó mucho aquella mole tan elegante en un valle tan bello. Hoy, con añoranza, recuerdo ese viaje y os invito a conocer un poco más sobre este sitio.

Ignacio de Loyola representa como pocos el espíritu de la Contrarreforma. Fundó la Compañía de Jesús, orden que será fundamental para la labor evangelizadora del catolicismo y para frenar, en parte, la Reforma Protestante. La misión educadora de esta nueva orden y su voto de obediencia personal al Papa, la convertían en una eficaz herramienta para la propaganda católica.

Basílica de Loyola. Altar mayor. Foto: wikipedia.

La Compañía de Jesús tendrá un papel importante en las relaciones político-religiosas de la Monarquía Hispánica, ya que algunos confesores de los miembros de la familia real pertenecían a esta orden. Seguramente ese factor sea determinante para que se construya el vasto complejo del Colegio Noviciado de Loyola, en Azpeitia, Guipúzcoa.

Santuario de Loyola. Vista general. Foto: Agencia EFE.

El Colegio Noviciado de Loyola en Guipúzcoa estaba nominalmente bajo patronato regio, por eso el escudo de los monarcas españoles aparece de manera ostentosa en la fachada de la basílica. Parece ser que la casa solariega dónde había nacido San Ignacio y dónde, según la tradición, había sufrido su conversión durante la convalecencia de unas heridas sufridas en su labor de soldado, en la defensa de Pamplona (1521), eran propiedad de los marqueses de Alcañices y Oropesa en 1681.

La reina-madre, Mariana de Austria, se mostró interesada en que se cediesen esas propiedades a la Compañía de Jesús para que pudiesen construir un Noviciado junto a la casa. Hay que recordar que el confesor y consejero más conocido de la reina era el jesuita Juan Everardo Nithard, aunque dejara el cargo y la corte en 1669.

El rey Carlos II otorgó un año más tarde la carta de fundación por la que se comprometía a entregar una suma de unos 120.000 reales anuales a cambio de que los jesuitas se comprometieran a colocar los escudos de la monarquía en diferentes lugares. Pero la verdad es que la enorme construcción se fabricó gracias a los esfuerzos económicos de la propia Compañía y los cuantiosos y constantes donativos de los guipuzcoanos.

El proyecto de Loyola, al incluir la casa solariega del fundador de la orden, se convertía así en una insignia de la propia Compañía y el proyecto se gestará en Roma, bajo el encargo de Giovanni Paolo Oliva, Padre General. Oliva era amigo personal de Bernini y fue el encargado de la barroquización de la casa madre en Roma, la iglesia del Gesù. Pero Gian Lorenzo Bernini había fallecido en 1680, por lo que el proyecto se encargará a uno de sus colaboradores, Carlo Fontana (1638-1714), arquitecto que había colaborado con él y con Carlo Rainaldi en los templos del tridente de Santa María del Pópolo, las iglesias centralizadas de Santa María di Monte Santo y Santa María de’Miracoli.

Piazza del Popolo con Santa María di Monte Santo y Santa María de’Miracoli. Roma. Foto: @cipripedia
Carlo Fontana. Fachada de San Marcelo al Corso. Roma. Foto: @cipripedia

Carlo Fontana empezó su carrera como dibujante arquitectónico y ayudante de obras con Cortona, Rainaldi y Bernini, éste último es el que más le influyó. El estilo de Fontana está ya perfectamente definido en su primer gran proyecto, la fachada de San Marcelo al Corso (1682-83) en el que se ve su sensibilidad hacia una arquitectura clásica. Los dibujos que están atribuidos a Fontana en la Biblioteca Nacional de España, nos hablan de ese gusto por un barroco clasicista, inspirado por Bernini y que queda lejos de la realización final de su proyecto, ya que aunque se respetaron sus planos en general, no sucedió lo mismo con los acabados decorativos, que fueron “hispanizados” en palabras de Kubler.

El proyecto de Fontana concibe un gran bloque que acoge todas las funciones del edificio, incluido en su interior la torre de la casa solariega, centrado todo por un templo de planta circular. Todo el proyecto se mandó desde Roma, pero la ejecución fue a cargo de maestros locales y las obras demoraron más de lo esperado. El diseño de Fontana hacía referencia a ejemplos romanos del momento, por ejemplo, el tambor de la basílica está inspirado en el de Santa María de’Miracoli y la fachada está inspirada en el proyecto no realizado de Rainaldi para Santa María in Campitelli.

BIBLIOGRAFÍA:

Rodríguez G. de Ceballos, Alfonso: La arquitectura de los jesuitas, Madrid, Edilupa, 2002.

Wittkower, Rudolf: Arte y arquitectura en Italia 1600-1750, Madrid, Cátedra, 1996.

Schubert, Otto: Historia del Barroco en España, Madrid, Editorial Saturnino Calleja, 1924.

Kubler, George: Arquitectura de los siglos XVII y XVIII (Ars Hipaniae) vol. XIV, Madrid, Plus Ultra, 1957.

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