DE LOS MAGOS DE ORIENTE. APROXIMACIÓN A LA CONSTRUCCIÓN DE SU FIGURA.

el

Estamos inmerso en las fiestas navideñas, asociadas a éstas y a la tradición, viene a cerrar el ciclo del Nacimiento, la epifanía. Festividad que se celebraba tras la circuncisión de Cristo:

Cuando Jesús tenía trece días llegaron hasta él unos magos, guiados por una estrella. De epi (sobre) y de phanos (aparición) ha resultado Epifanía, nombre dado a esta fiesta, para significar con él que una nueva estrella apareció en lo alto del cielo y que a través de ella Jesucristo se manifestó como verdadero Dios a los magos.

Jacopo de la Vorágine: La leyenda dorada. Capítulo XIV.

Luis de Morales. Adoración de los Magos. Museo del Prado.

Es decir, es una festividad muy importante en el calendario litúrgico, pues recuerda la primera evidencia de la naturaleza divina de Crito. Por ello es un tema recurrente en las representaciones iconográficas desde los primeros tiempos del cristianismo. Pero, ¿qué dicen los Evangelios sobre este pasaje?:

Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque hemos visto su estrella al oriente y venimos a adorarle. Al oír esto, el rey Herodes se turbó, y con él toda Jerusalén, y reuniendo a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Mesías. Ellos contestaron: En Belén de Judá, pues así está escrito por el profeta:

“Y tú, Belén, tierra de Judá, de ninguna manera eres la menor entre los clanes de Judá, pues de ti saldrá un caudillo, que apacentará a mi pueblo Israel”.

Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, les interrogó cuidadosamente sobre el tiempo de la aparición de la estrella; y, enviándolos a Belén, les dijo, Id e informaros exactamente sobre este niño, y, cuando le halléis, comunicádmelo, para que vaya también yo a adorarle. Después de haber oído al rey, se fueron, y la estrella que habían visto en oriente les precedía, hasta que vino a pararse encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella sintieron grandísimo gozo, y, llegando a la casa, vieron al niño con María, su madre, y de hinojos le adoraron, y, abriendo sus cofres, le ofrecieron como dones oro, incienso y mirra. Advertidos en sueño de no volver a Herodes, se tornaron a su tierra por otro camino.

Mateo, 2: 1-12.

Vemos que la narración, que sólo se cuenta en Mateo, habla de unos magos, sin precisar núrmero, ni condición y también narra la visita a Herodes, lo que provocará la huida a Egipto de la Sagrada Familia y la matanza de los inocentes. ¿De dónde sale entonces todo lo relacionado con la tradición de los Reyes Magos?

Jacopo Basano. Adoración de los Magos. Museo del Prado.

Para responder a esta pregunta he recopilado todas las apariciones de sus majestades mágicas en los evangelios apócrifos. Muy utilizados durante los primeros años del Cristianismo y la Edad Media. En gran medida vuelcan el texto de Mateo, pero en algunos casos van añadiendo datos curiosos. El protoevangelio de Santiago y el Pseudo Mateo, son los que más difusión tuvieron y también los que se apegan más al texto original bíblico:

Y José se dispuso para salir hacia Judea. Pero entonces sobrevino una gran tumulto en Belén, pues vinieron unos magos diciendo: “¿Dónde se encuentra el nacido Rey de los Judíos?, porque hemos visto su estrella en el Oriente y hemos venido para adorarle”.

Herodes, al oír esto, se turbó, envió sus emisarios a los magos y convocó a los príncipes de los sacerdotes, haciéndoles esta pregunta: “¿Qué es lo que hay escrito en relación con el Mesías? ¿Dónde debe nacer?” Ellos respondieron: “En Belén de Judea, según rezan las Escrituras”. Con esto les despachó e interrogó a los magos con estas palabras: “¿Cuál es la señal que habéis visto en relación con ese rey nacido?” Respondiéronle los magos: “Hemos visto un astro muy grande que brillaba entre las demás estrellas y las eclipsaba, haciéndolas desaparecer. En ello hemos conocido nosotros que a Israel le ha nacido un rey y hemos venido con intención de adorarle”. Entonces repuso Herodes: “Id y buscadlo, y, si dierais con él, cominicádmelo para que yo vaya también a adorarle”.

Y en aquel momento la estrella aquella, que habían visto en el Oriente, volvió de nuevo a guiarles hasta que llegaron a la cueva, y se posó sobre la boca de ésta. Entonces vieron los magos al Niño con su Madre, María, y sacaron dones de sus cofres: oro, incienso y mirra.

Pero, siendo avisados por un ángel de que no entraran en Judea, se marcharon por otro camino a su tierra.

Protoevangelio de Santiago, Capítulo XXI: 1-4.

Estampa con sarcófago de la iglesia de San Sebastián de Roma, en Roma Soterrata.

La gran diferencia del Pseudo-Mateo, es la cronología, pues sitúa la visita de los magos, transcurridos dos años del nacimiento.

Después de transcurridos dos años, vinieron a Jerusalén unos magos procedentes del Oriente, trayendo consigo grandes dones. Éstos preguntaron con toda solicitud a los judíos: “¿Dónde está el rey que os ha nacido? Pues hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarle”. Llegó este rumor hasta el rey Herodes. Y él se quedó tan consternado al oírlo, que dio aviso en seguida a los escribas, fariseos y doctores del pueblo para que le informaran dónde había de nacer el Mesías según los vaticinios proféticos. Estos respondieron: “En Belén de Judá, pues así está escrito: Y tú, Belén, tierra de Judá, en manera alguna eres la última entre las principales de Judá, pues de ti ha de salir el jefe que gobierne a mi pueblo Israel”. Después llamó a los Magos y con todo cuidado averiguó de ellos el tiempo en que se había aparecido la estrella. Y con esto les dejó marchar a Belén, diciéndoles: “Id e informaos con toda diligencia sobre el niño, y, cuando hubiereis dado con él, avisadme para que vaya yo también y le adore”.

Y, mientras avanzaban en el camino, se les apareció la estrella de nuevo e iba delante de ellos, sirviéndoles de guía hasta que llegaron por fin al lugar donde se encontraba el Niño. Al ver la estrella, los Magos se llenaron de gozo. Después entraron en la casa y encontraron al Niño sentado en el regazo de su madre. Entonces abrieron los cofres y donaron a José y María cuantiosos regalos. A continuación fue cada uno ofreciendo al Niño una moneda de oro. Y, finalmente, el primero le presentó una ofrenda de oro; el segundo, una de incienso, y el tercero, una de mirra. Y, como tuvieran aún intención de volver a Herodes, recibieron durante el sueño aviso de un ángel para que no lo hicieran. Y entonces adoraron al Niño, rebosantes de júbilo, tornando después a sus tierra por otro camino.

Evangelio del Pseudo-Mateo: Capítulo XVI: 1-2.

Estampa de las pinturas de las catacumbas de los Santos Pedro y Marcelino en Roma. En Roma Soterrata.

En otros apócrifos que recogen la infancia de Cristo, se nos dan datos más curiosos, anecdóticos incluso:

José, al ver a los Magos, dijo: “¿Quién piensan serán estos que vienen a nuestro encuentro? Me da la sensación de que se están acercando después de un largo viaje. Me levantaré, pues, y saldré a su encuentro”. Y, adelantándose, dijo a Simeón: “Creo que son unos adivinos: pues efectivamente no están quietos un momentos, (siempre) están observando y discutiendo entre sí. Y me parecen además forasteros, pues su vestimenta es distinta de la nuestra: su traje es amplísimo y de color oscuro. Finalmente tienen también birretes en sus cabezas y llevan unas sarabaras[1] ceñidas a sus piernas como… Mas he aquí que se han parado y me han dirigido una mirada. Ahora continúan de nuevo hacia nosotros”. Cuando hubieron, pues, llegado a la cueva, díjoles José: “¿Quiénes sois vosotros? Decídmelo”. Mas ellos pretendían entrar con audacia, pues efectivamente se dirigían al interior. José les dijo: “Decidme, por vuestra salud, quiénes sois para dirigiros así a mi albergue”. Ellos dijeron: “Nuestro guía ha entrado aquí a vista nuestra. ¿Por qué nos preguntas a nosotros? Dios nos ha enviado aquí”. Dijéronle: “Podemos asegurarte que es la salvación de todos”.

Hemos visto en el cielo la estrella del rey de los judíos y hemos venido a adorarle, pues así está escrito en los libros antiguos acerca de la señal de esta estrella: que cuando apareciere este astro, nacerá el rey eterno y dará a los justos una vida inmortal”. Díceles José: “Sería conveniente que hicierais primero indagaciones en Jerusalén, pues allí está el templo del Señor”. Respondiéronle: “Hemos estado ya en Jerusalén y hemos anunciado al rey que ha nacido el Cristo y que vamos en su busca. Mas él nos dijo: Yo por mi parte ignoro cuál es el sito donde ha nacido. Después envió recado a todos los escudriñadores de las escrituras y a todos los magos, príncipes de los sacerdotes y doctores, quienes acudieron a su presencia. El les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos respondieron: En Belén. Pues así está escrito acerca el él: Y tu, Belén, tierra de Judá, no serás la más insignificante entre las principales de Judá, pues de ti ha de salir el jefe que rija los destinos de mi pueblo Israel. Nosotros en cuanto oímos esto, caímos en la cuenta y vinimos a adorarle. Es de saber que la estrella que se nos apareció ha ido precediéndonos desde que emprendimos el viaje. Mas Herodes, al oír estas cosas, cogió miedo y nos preguntó en secreto acerca del tiempo de la estrella, cuándo se nos apareció. Al marcharnos, nos dijo: Informaos con toda diligencia , y, cuando lo hayáis encontrado, hacédmelo saber para que yo también vaya y lo adore”.

Y el mismo Herodes nos dio la diadema que él solía llevar en su cabeza (esta diadema tiene una blanca mitra), y un anillo en que va engarzada una preciosa piedra real, sello incomparable que le envió como presente el rey de los Persas; y nos mandó que ofreciéramos este don al niño. El mismo Herodes prometió hacerle un presente cuando estuviéremos de vuelta ante su presencia. Recibidos los dones, partimos de Jerusalén. Mas he aquí que la estrella, que se nos había aparecido, iba delante de nosotros desde que salimos de Jerusalén hasta este lugar y luego entró en esta cueva donde tú estás y no nos permites a nosotros penetrar”. Díceles José: “Yo por mi parte no me opongo. Seguidla, pues Dios es vuestro guía, y no sólo vuestro, sino de todos aquellos a quienes quiso manifestar su gloria”. Al oír esto, los Magos entraron y saludaron a María diciendo: “Salve, llena de gracia”. Después se acercaron al pesebre, lo examinaron y vieron al infante.

Mas José dijo a Simeón: “Hijo, observa y mira qué es lo que hacen dentro estos forasteros, pues no está bien que yo los espíe”. Y así lo hizo. Luego, dijo a su padre: “Nada más entrar han saludado al niño y han caído en tierra sobre sus rostros; después se han puesto a adorarle según la costumbre de los extranjeros y ahora cada uno va besando por separado las plantas del infante. ¿Qué es lo que hacen en este momento? No lo veo bien”. Dícele José: “Observa atentamente”. Respondió Simeón: “Están abriendo sus tesoros y le ofrecen dones”. Dícele José: “¿Qué  es lo que le ofrecen?”. Simeón respondió: Pienso que lo que le ofrecen, son aquellos dones que envió el rey Herodes. (Ahora) le acaban de ofrecer oro, incienso y mirra de sus cofres y han dado muchos dones a María”. Díjole José: “Muy bien han hecho estos señores en no besar el niño de balde; lo contrario de aquellos nuestros pastores que vinieron aquí con las manos vacías”. Y de nuevo le dice: “Observa más atentamente y mira qué es lo que hacen”. Vigilando pues Simeón, dice: “He aquí que de nuevo han adorado al niño y vienen ya hacia nosotros”.

Salieron por fin y dijeron a José: “¡Oh dichosísimo varón! Ahora van a saber quién es este niño que estás alimentando”. Díceles José: “Sospecho que es mi hijo”. Dícenle ellos: “Su nombre es más grande que el tuyo. Pero quizá la razon de que puedas llamarte padre suyo estribe en que le sirves, no como a tu hijo, sino como a tu Señor y tu Dios, y en que tocándole con tus manos, le respetas con gran temor y diligencia. No nos tengas, pues, por ignorantes. Sábete que Aquel, de quien has sido designado nutricio, es el Dios de los dioses y el Señor de los que dominan, Dios y Rey de todos los príncipes y potestades, Dios de los ángeles y de los justos. El será el que salvará a todos los pueblos por su nombre, pues suya es la majestad y el imperio, y el que deshará el aguijón de la muerte y disipará el poder del infierno. Le servirán los reyes y todas las tribus de la tierra le adorarán; y toda lengua le confesará diciendo: Tu eres Dios, virtud y resplandor del Eterno Padre”.

Díceles José: “¿De dónde habéis sabido este que me estáis diciendo?” Dícenle los Magos: “Vosotros poseéis las antiguas escrituras de los profetas de Dios en las que está escrito acerca del Crito, cómo ha de tener lugar su venida en este mundo. También tenemos nosotro escritura de escrituras más antiguas que se refieren a El. En lo tocante a tu pregunta sobre el origen de nuestro conocimiento, escúchanos: Lo supinos por el signo de una estrella, ésta se nos apareció más resplandeciente que el sol, de cuyo fulgor nadie pudo hablar nunca. Y esta estrella significa que la estirpe de Dios reinará en la claridad del día. Esta no giraba en el centro del cielo, como suelen hacerlo las estrellas fijas y también los planetas, que aunque observan un plazo fijo de tiempo […] mas sólo ésta no es errante. Pues nos parecía que todo el polo (esto es: el cielo) no podía contenerla con toda su grandeza; y ni el mismo sol pudo nunca oscurecerla, como lo hace con otras estrellas, por el fulgor de su luz. Más aún éste pareció debilitarse a vista del resplandor de su venida. Pues esta estrella es la palabra de Dios, ya que hay tantas palabras de Dios cuantas son las estrellas. Y esta palabra de Dios, como el mismo Dios, es Inefable. Lo mismo que es inenarrable esta estrella, que fue nuestra compañera de viaje en la marcha que emprendimos para venir hasta el Cristo.

Así, pues, José les dijo: “Me habéis proporcionado un gran placer con todo lo que acabáis de decirme. Os suplico que os dignéis permanecer conmigo el día de hoy”. Ellos le dijeron: “Te rogamos nos permitas emprender nuestro viaje, pues el rey nos encomendó que volviéramos lo más pronto posible a su lado”. Pero él les detuvo.

Liber de infantia Salvatoris: párrafos 89-95.

Estampa de un sarcófago del Vaticano, en Roma Soterrata. Los tres magos aparecen vestidos como persas.

Muy interesante es la alusión del Evangelio árabe de la infancia sobre las profecías de Zoroastro, que vinculan los inicios del cristianismo con la religión de Ahura Mazda, cuya influencia es decisiva en el desarrollo de la herejía maniquea.

Y sucedió que, habiendo nacido el Señor Jesús en Belén de Judá durante el reinado de Herodes, vinieron a Jerusalén unos Magos según la predicción de Zaradust[2]. Y traían ocmo presente oro, incienso y mirra. Y le adoraron y ofrecieron sus dones. Entonces María tomó uno de aquellos pañales y se lo entregó en retorno. Ellos se sintieron honrados en aceptarlo de sus manos. Y en la misma hora se les apareció un ángel que tenía la misma forma de aquella estrella que les había servido de guía en el camino. Y siguiendo el rastro de su luz, partieron de allí hasta llegar a su patria.

Y salieron a su encuentro los reyes y los príncipes, preguntándoles qué era lo que había visto o hecho, cómo habían efectuado la ida y la vuelta y qué habían traído consigo. Ellos les enseñaron este pañal que les había dado María, por lo cual celebraron una fiesta y, según su costumbre, encendieron fuego y lo adoraron. Después arrojaron el pala sobre la hoguera y al momento fue arrebatado y contraído por el fuego. Mas cuando éste se extinguió, sacaron el pañal en el mismo estado en que estaba antes de arrojarlo, como si el fuego no lo hubiera tocado. Por lo cual empezaron a besarlo y a colocarlo sobre sus cabezas diciendo: “Esta sí que es una verdad sin sombra de duda. Ciertamente es portentoso el que el fuego no haya podido devorarlo o destruirlo”. Por lo cual tomaron aquella prenda y con grandes honores la depositaron entre sus tesoros.

Evangelio árabe de la Infancia: Capítulos VII- VIII.

Anónimo. Frontal con escenas de la infancia de Jesús. s. XIII. Museo del Prado.

El único de los apócrifos que nos da el número de magos, tres, y su condición de reyes, es el Evangelio armenio de la infancia, que además también da el nombre tradicional con el que los reyes han llegado a occidente:

Y un ángel del Señor se apresuró a ir al país de los persas para prevenir a los reyes magos y ordenarles que fueran a adorar al niño recién nacido. Y éstos, después de caminar durante nueve meses teniendo por guía a la estrella, llegaron al lugar de destino en el momento en que María llegaba a ser madre. Es de saber que a la sazón el reino de los persas dominaba sobre todos los reyes del Oriente por su poder y sus victorias. Y los reyes magos eran tres hermanos: Melkon, el primero, que reinaba sobre los persas; después Baltasar, que reinaba sobre los indios, y el tercero Gaspar, que tenía en posesión el país de los árabes. Habiéndose reunido en conformidad con el mandato de Dios, llegaron en el momento mismo en que la Virgen llegaba a ser madre. Habían apresurado la marcha y se encontraron allí en el momento preciso del nacimiento de Jesús.

Evangelio armenio de la infancia: Capítulo V, 10

Estampa con frescos de las catacumbas de San Calixto en Roma, en Roma Soterrata.

Pero indudablemente es Jácopo de la Vorágine y su Leyenda Dorada el texto que nos proporciona mucha información sobre el origen y significación de los magos en la Edad Media Cristiana y cómo van a llegar a la Edad Moderna:

Poco después del nacimiento del Señor llegaron a Jerusalén tres magos, llamados en hebreo Apelio, Armerio y Damasco; en griego Gálgla, Malgalat y Sarathin; y en lengua latian, Gaspar, Balthasar y Melchior.

La palabra mago significa tres cosas diferentes: ilusionista, hechicero maléfico y sabio. ¿Cuál de estas tres significaciones debemos atribuir a nuestros tres magos? Sobre esto hay tres opiniones. Según algunos intérpretes, estos tres hombres eran de hecho tres reyes aficionados a la práctica del ilusionismo; por eso, con sus trucos y astucia, consiguieron engañar a Herodes y, en vez de regresar por Jerusalén hacia su tierra, como con él habían convenido, lo hicieron por otro sitio. […]Otros estiman que eran hechiceros, al estilo de los encantadores que servían al Faraón ejerciendo la magia para causar con ella maleficios. […] Otros, finalmente, suponen que eran tres sabios, llamados magos, no porque practicaran la hechicería ni el ilusionismo, sino porque en su tierra de origen la palabra mago se usaba para designar a las personas de ciencia, y equivalía a la voz escriba de los hebreos, a la de filósofo de los griegos y a la de sabio de los latinos. […]

¿Cómo los Magos, en tan sólo trece días pudieron recorrer la distancia existente entre su tierra, que pertenecía al lejano Oriente, y la ciudad de Jerusalén, situada en el vulgarmente llamado ombligo del mundo? Dos respuestas podemos dar a esta pregunta: una, la que a ella de el citado Remigio: Porque así pude hacer que ocurriera aquel Niño omnipotente a quien deseaban ver cuanto antes. Otra: No olvidemos que los Magos hicieron su viaje en dromedarios, como se infiere de un texto profético de Jeremías, ni que los dromedarios son animales tan sumamente veloces que son capaces de recorrer en una jornada lo que un caballo recorre en tres.

Jacobo de la Vorágine: Leyenda dorada, capítulo XIV.

Rubens. Adoración de los Magos. Museo del Prado.

Feliz día de Reyes.

[1] La descripción de la vestimenta coincide con el traje clásico persa.

[2] Zoroastro o Zaratustra.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s