SANTA TERESA

El presente texto apareció de forma más breve en la revista literaria digital El Ballet de las Palabras (ver aquí).

Con el año 2015 terminaron también los actos conmemorativos del quinto centenario del nacimiento de Teresa de Ávila o Santa Teresa de Jesús. Personaje fascinante del siglo XVI hispánico: monja, reformadora de su orden, lectora y escritora, mujer de arrestos y mística. Una variedad de facetas que se agrupan en un personaje atrayente y atractivo además de peculiar en su momento.

Fray Juan de la miseria (copia) Teresa de Jesús

Como todos los personajes de cierta importancia del género femenino, se ha tendido a minusvalorar algún aspecto de su vida, cuando no a negarlo por completo. Su faceta literaria ha sido juzgada con demasiada saña, de este aspecto yo poco puedo decir, pues “doctores tiene la iglesia” y no osaría yo meterme en un campo del que poco sé salvo errar.

Los estudiosos de la literatura de nuestro largo Siglo de Oro pueden aportar una visión más certera pero con cierta frecuencia nos encontramos que se tilda a su prosa y poesía como llena de defectos formales que yo entiendo que si esas mismas obras hubiesen sido realizadas por un hombre, serían motivo de alabanza: su prosa cercana, su vocabulario accesible, la supuesta falta de formación clásica, etc.

Pero lo que a mí me acerca hoy a la santa abulense es su imagen, o más bien cómo se ha construido su imagen en las obras artísticas en las que aparece. Las múltiples facetas de Teresa en su biografía: escritora, teóloga, religiosa, política, etc., quedan reducidas en su iconografía a dos: su labor de escritora y sus experiencias místicas. La cuestión es importante porque como reformadora de la Iglesia, vinculada a la nueva religiosidad intimista y personal del siglo XVI, su imagen ha de ser concordante con el espíritu de la Contrarreforma católica, la respuesta que desde Roma se quiere dar a los protestantes. El mero hecho de buscar una imagen “oficial” de la nueva santa ya nos pone en la pista de la importacia del hecho así como de la reivindicación que la ortodoxia católica hace del uso de las imágenes.

 

Anónimo. Canonización de Santa Tersa en Roma. Convento de Carmelitas descalzas de Alba de Tormes (Salamanca)

Teresa tuvo fama de santidad muy pronto, muerta en 1582, su proceso de ascenso a los altares se inicia de forma rápida, consiguiendo la beatificación en 1614 y la canonización en 1622. Para estas ceremonias se debía dar una imagen que fijara la iconografía y en los dos casos se utilizó la imagen de Teresa vestida con el hábito carmelita descalzo, propio de la orden de la que era fundadora, y como objetos parlantes la pluma, indicando su labor de escritora, y la paloma del Espíritu Santo, indicando la inspiración divina de sus escritos. En la ceremonia oficial de beatificación como de canonización de un religioso esta imagen preside en forma de repostero o tapiz la ceremonia, en el caso que nos ocupa se representa a la nueva beata y santa sentada en el escritorio. Es decir en la imagen “titular” se significa la labor de escritora de Teresa. El rostro de la santa era conocido por el retrato que le hizo el también religioso Fray Juan de la Miseria y del que conocemos muchas copias y réplicas, algo lógico si pensamos en la trascendencia de la reforma del Carmelo y la necesidad de utilizar a la nueva santa como ejemplo “visible”.

García de Miranda. Santa Teresa niña. Museo del Prado

Del retrato de Fray Juan de la Miseria, de la imagen de la Santa ante el escritorio utilizada en la canonización y de las imágenes de la santa de pie con la pluma en la mano se llenarán los templos carmelitas reformados. Estas serían imagenes de presentación, es decir, sin narrar ningún acontecimiento de su vida. El papel fundamental que se quiere dar es el de escritora.

La otra vertiente, quizás más interesante plásticamente, es la de “retratar” los episodios místicos que Teresa relata en sus escritos, en los que está muy influenciada por el tipo de devoción que habían empezado a difundir los Jesuítas: la “composición de lugar” donde la imagen religiosa es muy importante, fruto de esa influencia son las visiones donde el elemento religioso que lo provoca es una talla o cuadro de Cristo, como en los lienzos de Alonso Cano en el Museo del Prado.

Pero sin lugar a dudas la más famosa de sus experiencias místicas es  la Transverberación:

“Vi a un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal […] no era grande, sino pequeño, hermoso mucho […] Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas: al sacarle me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios”

Es innegable que a todos se nos viene a la cabeza la imagen esculpida por el gran genio del barroco romano: Gian Lorenzo Bernini para la capilla Cornaro en Santa María de las Victorias de Roma, quizás el que mejor supo realizar iconográficamente un concepto tan inasible como es la mística. Lo hizo por la vía de la sensualidad, de los sentidos. Todo un acierto.

BÚSCATE EN MÍ.

Alma, búscate en mí,

y a mí búscame en ti.

 

De tal suerte pudo amor,

alma, en mí te retratar,

que ningún sabio pintor

supiera con tal primor

tal imagen estampar.

 

Fuiste por amor criada

hermosa, bella y así

en mis entrañas pintada;

si te perdieres, mi amada,

alma, búscate en mí.

 

Que yo sé que te hallarás

en mi pecho retratada,

tan al vivo sacada,

que si te ves, te holgarás,

viéndote tan bien pintada.

 

Y si acaso no supieres

dónde me hallarás a mí,

no andes de aquí para allí.

Si no, si hallarme quisieres,

a mí búscame en ti.

 

Porque tú eres mi aposento,

eres mi casa y morada,

y así llamo en cualquier tiempo,

si hallo en tu pensamiento

estar la puerta cerrada.

Fuera de ti no hay buscarme,

porque para hallarme a mí

bastará sólo llamarme;

que a ti iré sin tardarme,

y a mí búscame en ti.

 

QUÉ GOZO NO DARÁ EL VERTE.

Si el padecer con amor

puede dar tan gran deleite,

¿qué gozo no dará el verte?

¡qué gozo el verte!

¿qué gozo no dará

el verte?

 

¿Qué será cuando veamos

a la eterna Majestad,

pues de ver Andrés la cruz,

se pudo tanto alegrar?

¡Oh, que no puede faltar

en el padecer deleite!

¿Qué gozo no dará el verte?

 

SAETA PODEROSA.

Señor, hiéreme

con la palabra de tu boca, hiéreme

con las miradas de tus ojos, hiéreme,

hiéreme con tu belleza,

con tus manos hiéreme,

con tu corazón.

 

Saeta poderosa, hiéreme.

Verbo humanado, mi Jesús, hiéreme,

con el dardo amoroso del dolor,

con la llaga incurable del amor, hiéreme.

Puerta donde el alma entra en Dios.

Hiéreme…

 

  1. Mírame con tu mirada,

hiéreme el entendimiento,

hiéreme con tu verdad.

Mírame, Divino Verbo,

saca el alma de mi cuerpo

por la violencia de la suavidad.

Mírame,

así, con la mirada

con que miraste a Pedro

después de la negación.

Mírame y que llore mi pecado,

porque tu mirada

me ha llagado el corazón.

 

  1. Muestra la belleza

de tu bella humanidad,

colmada de virtud y perfección.

Hiéreme, que se oiga la alabanza

que exhala tu hermosura,

Muestra tu belleza,

tócame en la herida de vida,

de bien y de riqueza.

 

  1. Mírame, tócame,

tírame, lánzame

un golpe de relámpago veloz.

La saeta es el Verbo humanado,

que el Padre ha arrancado

de su corazón.

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