LAURENT Y LA FOTOGRAFÍA AL SERVICIO DE LA HISTORIA DEL ARTE. #200Laurent

Esta semana se cumple el bicentenario del nacimiento del fotógrafo francés afincado en Madrid Juan Laurent (Garchizy, 1816 – Madrid, 1886), cuya visión comercial de la fotografía le valió fama y reconocimiento en la España de la segunda mitad del siglo XIX. Con el hashtag #200Laurent un grupo de cuentas de Twitter y blogs han realizado esta semana un homenaje al fotógrafo: ver aquí, aquí, aquíaquí y aquí.

Todos estamos habituados al uso de la fotografía en nuestra vida cotidiana y todos llevamos ahora encima un dispositivo con capacidad para recoger una imagen, una fotografía, con solo dar un botón. Esta accesibilidad y su histórica capacidad de reproductivilidad fácil hicieron del invento de la fotografía uno de los hitos del siglo XIX. Su masiva difusión y su utilidad han dado por resultado por un lado una “democratización” del Arte, por otro una banalización de la técnica y sus resultados. Todos somos fotógrafos.

La fotografía es un invento que en realidad conjugaba dos investigaciones previas: por un lado la cámara oscura, por otro las sustancias fotosensibles. El primer invento se conoce desde la Edad Media, aunque fue el científico Johannes Kepler en 1604 el que le dio el nombre por el que ahora la conocemos. La cámara oscura está basado en las leyes de la óptica y la reflección de la luz, por este medio se podía obtener una proyección en la superficie oscura de la cámara de la realidad que había enfrente pero invertida, exactamente igual que ocurre con el funcionamiento de nuestro ojo y la vista. Para el otro invento, las sustancias fotosensibles capaces de captar la luz que proyecta la cámara oscura para no tener que usar las técnicas empleadas por los artistas hasta el siglo XIX, que no son otras que copiar por medio del dibujo lo que la imagen reflejaba, me remito al siguiente texto:

En la historia de la invención de la fotografía que aceptan los historiadores, y que no es la única posible, participan tres personajes: un técnico tenaz, un especulador oportunista y un político visionario. El técnico, que se llama Nicèphore Niépce, descubre un procedimiento para fijar imágenes por medio de una cámara oscura, una placa metálica fotosensible y un proceso químico. El especulador, Daguerre, compra al técnico sus derechos, perfecciona el procedimiento y, finalmente, comercializa el producto, al que llama daguerrotipo. Entonces interviene el político, François Arago, que es también un hombre de ciencia. Mediante una maniobra parlamentaria inusual, por no decir inédita, Arago consigue que el gobierno francés compre a Daguerre la patente y la haga de dominio público.

Horacio Ferández: Una historia, brevísima, de la fotografía” en Proyecto Foucus: Una misión fotográfica (catálogo Exposición) Madrid, 2001, p. 18

François Arago (1786-1853)
talbot
Benjamin Cowderoy o Calvert R. Jones Dos vistas del Reading Establishment, 1846 Papel a la sal a partir de un negativo de calotipo. Bradford, The Royal Photographic Society Collection at the National Media Museum.

Uno de los hitos importantes en esa primera evolución es el desarrollo del calotipo o talbotipo por parte del británico Fox Talbot en 1841, que permitía la multiplicación de la imagen a partir de un negativo realizado en papel con un proceso químico a la sal. Aunque daba poca nitidez, permitía una multiplicación de las imágenes obtenidas, para saber más de este proceso creativo se está celebrando en estos momentos una magnífica exposición en el Museo del Prado sobre ello (ver aquí).

Es decir según esta concepción la fotografía es un invento que retrata la realidad, sin trucos, sin deformaciones, su resultado es verdad, y el fotógrafo no es sino un mejor operador técnico. Esta primera idea ahora sabemos, sobre todo aquellos familiarizados con programas como photoshop, que es muy relativa. Pero si que todos concebimos la fotografía como una realidad. Los artistas, sobre todo pintores, que en un principio recelan del invento, supieron sacarle pronto partido. Para los Historiadores del Arte se convierte así en una herramienta más con la que contar para poder recomponer el puzle de una obra artística, ya que en muchos casos la fotografía puede estar en el origen, o ser la única huella que nos quede para trazar la evolución histórica de la obra, ya que en ocasiones es el documento de una obra perdida.

J. Laurent y Cía. Claustro del desaparecido convento de Santo Tomás en Madrid. ca. 1875. Madrid. Museo de Historia.

En este sentido, la ingente cantidad de fotografías salidas de mano de Juan Laurent y su compañía (con Lacoste y Ruiz Vernacci como continuadores y herederos de su trabajo y sus negativos) sirven como documentos auxiliares a un historiador del Arte. La visión comercial de Laurent, hizo que retratara con su cámara, para su comercialización, pinturas que se presentaban a la Exposición Nacional de Bellas Artes, pinturas de encargos importantes en Madrid, que fotografiaba en ocasiones antes de su colocación y también fotografiaba edificios representativos o monumentales. Consciente del valor comercial de sus fotografías, llegó a realizar más de 6000 sobre monumentos o colecciones artísticas. Esa labor le ha convertido en la herramienta imprescindible para todos nosotros.

J. Laurent. Palacio de Carlos V en Granada. Archivo Ruiz Vernacci. Foto: IPCE

Por ejemplo sus fotografía en el Monasterio de El Escorial, realizadas entorno a 1870, nos sirven para ver la continuidad de las colecciones pictóricas en el siglo XIX tras el desastroso paso por allí de las tropas francesas en la Guerra de la Independencia. La vista de la sacristía y las fotografías de algunas estancias nos muestran obras que hoy en día ya no forman parte de este espacio, sino que han acabado en el Museo del Prado, por ejemplo el Lavatorio de Tintoretto, y otros como el San Juan Bautista de Herrera Barnuevo que han cambiado de ubicación.

J. Laurent. El lavatorio de Tintoretto. Archivo Ruiz Vernacci. foto: IPCE.

O su fotografía del Panteón de Reyes, obra impresionante debida al noble romano Giovanni Battista Crescenzi, en la que podemos ver cómo el sepulcro del rey consorte Francisco de Asís de Borbón, esposo de Isabel II estaba alojado en la sobrepuerta.

Es indudable que su utilidad es grande y que gracias a su fácil acceso por encontrarse gran parte de su obra digitalizada ha ayudado enormemente a valorar su empeño y darlo a conocer. Aquí os dejo algunas de esas imágenes artísticas que hemos utilizado para poder ilustrar nuestra Historia del Arte.

Como fin de fiesta de la celebración virtual del bicentenario, la mente pensante de todo este homenaje, nuestro querido amigo @Unsereno, ha coordinado a un montón de cuentas en Twitter para realizar una exposición virtual de la obra de Laurent. 

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