¿QUÉ FUÉ DE MENDIZÁBAL, EL MONUMENTO QUE MOLESTÓ AL FRANQUISMO?

¿Qué pasa si el contexto de realización de un monumento cambia de forma drástica? Hay personajes que por su labor activa en un campo, como puede ser la política, quedan marcadas sus biografías por la imagen que su postura, partido u opción política haya suscitado entre la población posterior. En esos casos suelen ser monumentos problemáticos. En Madrid hemos tenido varios ejemplos, pero me parece destacable el de un político del siglo XIX, que molestaba en los primeros años de la dictadura franquista.

La obra que en principio nada tendría de incómoda dedicada a Juan Álvarez Mendizábal, uno de los políticos que encarnan el ideario liberal del siglo XIX que presidió el gobierno durante la regencia de María Cristina de Borbón en 1836, en el contexto del inicio de la Primera Guerra Carlista y el triunfo del liberalismo frente al absolutismo. Uno de los mayores logros de este periodo será la promulgación de una nueva constitución, la de 1837, que es la que marcará el modelo para todas las promulgadas en España hasta 1931.

Monumento a Juan Álvarez Mendizábal en Madrid. (Foto)

Las nuevas Cortes tratarán de liquidar las estructuras socioeconómicas del Antiguo Régimen, principalmente acabar con el sistema jurídico de la propiedad de la tierra. Así surgirán leyes para desmantelar señoríos y mayorazgos, quedando así la propiedad de la tierra adscrita a una persona física, y no a un cargo o figura jurídica. De esta forma la tierra pasaba a ser un bien individual que podía ser libremente enajenado, vendido o comprado. Será la base legal para el proceso denominado desamortización, que supondrá el triunfo de la ideología liberal burguesa decimonónica.

Para entender la importancia de esta medida, hay que tener en cuenta cómo eran las estructuras económicas del Antiguo Régimen. La propiedad de la tierra, el medio de producción básico, estaba vinculada a manos muertas, es decir, a la aristocracia, a la Iglesia y a los municipios. La idea principal del gobierno progresista era poner en activo las tierras que se dejaban como baldíos, porque eran poco productivas, por los grandes terratenientes: aristocracia e Iglesia. Así se sucederán a lo largo del siglo xix una serie de desamortizaciones siendo la más conocida la primera que emprende el gobierno de Mendizábal en 1836: la que afectaba a los bienes eclesiásticos. Con ella se pretendía crear una clase media de pequeños propietarios, que serían afectos al liberalismo a la vez que serviría para reducir la deuda pública con el dinero obtenido con las ventas. Pero los resultados finales, por culpa de la especulación, no fueron los previstos.

Uno de los efectos de la desamortización eclesiástica fue el cierre de monasterios y conventos que en algunos casos conllevaron la ruina y abandono de los edificios con sus obras de arte. Para saber más sobre este asunto le dedicamos un artículo en nuestro blog Investigart (ver aquí)

En 1840 se decide derruir el convento de la Merced calzada de Madrid y en su solar crear una plaza pública. Esta plaza, que se denominará oficialmente del Progreso, querrá recordar el papel fundamental de Mendizábal en el progreso económico de España, dedicándole un monumento conmemorativo. El proyecto es de 1855, y se creará una comisión para este fin y para lograr la financiación mediante suscripción pública. La escultura de bronce era obra de José Grajera y tras ser finalizada en 1858 se paraliza su instalación por la tramitación de un proyecto de ley para regular la erección de monumentos a hombres célebres. El problema en realidad era político, pues el monumento ensalzaba la figura de un líder progresista y su emplazamiento había sido aprobado durante el bienio progresista (1854-1856), pero la realización material de las esculturas lleva su tiempo y cuando el bronce está acabado se ha producido un cambio sustancial de tendencia política en el gobierno. Tras los sucesos de 1856, que acaban con la marcha de Espartero y el fin del gobierno progresista, O’Donnell consigue ser nombrado jefe del gobierno y ahora será el partido moderado el que lidere la situación y ve con recelo un monumento a un líder progresista.

La escultura de Mendizábal será depositada en el Casón del Retiro, que en esos años estaba ocupado por el Real Gabinete Topográfico y también como gimnasio para el príncipe Alfonso. No será hasta el siguiente cambio político, el ocasionado por el triunfo de la Revolución Gloriosa de 1868, cuando la escultura salga de su exilio en el Casón y pueda ocupar su pedestal pétreo en la plaza del Progreso, inaugurándose oficialmente el monumento el 6 de junio de 1869. Dado lo rocambolesco de este monumento, el pedestal se colocó sin ninguna inscripción por lo que el Ayuntamiento de Madrid decidió realizar una inscripción en 1903 que rezaba «El pueblo de Madrid, a D. Juan Álvarez Mendizábal, 1904». Rincón Lazcano sentencia en su libro de 1909:

Teniendo ya su inscripción la estatua no sucederá como antes, que los forasteros no sabían por cuenta propia a quién se honraba allí. Pero con todas sus ventajas, pensamos con el periódico citado, que la lápida descubierta tiene el inconveniente de inducir a error, pues el viajero que vea la estatua sin estar en antecedentes, puede creer que ha sido erigida en 1904.

Lo que me resulta más sorprendente es que tengamos que hablar en pasado del monumento a Mendizábal de José Grajera que, además, era considerado como uno de sus mejores trabajos. Después de sobrevivir al convulso siglo xix y sus nada pacíficos cambios de gobierno, la plaza del Progreso y el monumento a Álvarez Mendizábal molestaban al régimen franquista. En 1939 asentado ya el gobierno de Franco en Madrid, se decidió cambiar el nombre de la plaza por Tirso de Molina, en referencia a Fray Gabriel Téllez Girón, importante dramaturgo del barroco que firmaba con ese seudónimo sus obras y que, como fraile mercedario calzado, habitó el convento que había antes de la creación de la plaza.

¿Por qué molestaba Mendizábal? Seguramente por ser la encarnación del sistema liberal decimonónico, contra el que habían reaccionado todas las ideologías totalitarias tras la crisis económica del Crack del 29. Además, la desamortización había supuesto un verdadero varapalo para las instituciones religiosas católicas en España, y el catolicismo era uno de los pilares fundamentales del nuevo régimen. Así que en 1939 la escultura se desmonta d el pedestal y en principio se guarda en un almacén municipal de la calle García Morato, actualmente Santa Engracia. Y ahí se le pierde la pista. Según un artículo de El País de 2001, firmado por Rafael Fraguas, la escultura se troceó y sus fragmentos se refundieron para ser usados en otro monumento:

El escritor Enrique Pardo Canalís, del Instituto de Estudios Madrileños, insinuó ya en una publicación suya de 1954 que la efigie de Mendizábal fue fundida; algunos sugirieron que su bronce sirvió para hacer otra estatua de significación ideológica bien distinta. Hubo precedentes en el Madrid de la posguerra: los sillares de un monumento levantado antes de la contienda en el Parque del Oeste al líder socialista Pablo Iglesias fueron empleados al concluir la guerra para vallar el parque del Retiro, a lo largo de la Avenida de Menéndez Pelayo.

Esa otra efigie de bronce que cita Pardo Canalís es con bastante probabilidad el retrato ecuestre que inspirándose directamente en el Gatamelatta de Donatello, hizo de Francisco Franco el escultor José Capuz, para situar en el Arco de la Victoria en Moncloa, pero que finalmente se instaló en los Nuevos Ministerios.

En su lugar se colocó, aprovechando el mismo pedestal pétreo, una estatua dedicada a Tirso de Molina obra de Rafael Vela del Castillo. La nueva estatua en piedra es de 1943. Un fraile dramaturgo de vida disoluta, pero barroco, era más aceptable que un político liberal que había protagonizado uno de los decretos liberalizadores de la tierra. Hay que tener en cuenta el contexto del siglo xix para entender la Guerra Civil y el ideario del franquismo, porque a nuestros ojos estas estatuas del pasado ya no son molestas como lo eran para el régimen dictatorial en 1939.

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